Me gusta vivir en el último piso porque cuando quiero desaparecer, lo único que tengo que hacer es salir a la terraza, amontonar un par de sillas, que nunca han sido usadas como tal, y sin que nadie lo sepa, trepar por la pared hasta llegar al tejado. Me siento en la chimenea y entonces, la ciudad que parecía ahogarme se transforma.
Se convierte en un paisaje árido en el que rara vez se encuentra vida humana. Resulta extraño descubrir que el mundo en el que vives es pura fachada, y que todos los volúmenes que antes se levantaban imponentes sobre ti, tienen aquí otra cara. Una cara desconocida, no por estar oculta ¡al contrario! Si no porque está expuesta a una dimensión a la que raramente nos asomamos. Es por eso que los edificios se muestran aquí tal y como son, sin adornos ni pretensiones que escondan la miseria o la riqueza de lo cotidiano, pues no llegan hasta aquí las normas que distingan tales juicios.
Sentada sobre la chimenea, la ciudad que antes resultaba fria y extraña adquiere colores ocres, rojizos, sepias, colores marrones que se refugiaron en los tejados y aun hoy sobreviven de otras épocas.
Entonces, pierdo la noción del tiempo y del espacio. Desaparecen los muros, los coches, e incluso las calles que te obligaban a ha sequir su recorrido. Desaparece el estrés, la prisa por llegar a algún lado, desaparece incluso el movimiento. La única señal de que el tiempo sigue su curso es ver que el sol se va alejando, y sentir que poco a poco, el paisaje al que observo se difumina.
A partir de este punto ya no es conveniente permanecer aquí mucho más tiempo...Pues es por los tejados por donde sueñan las ciudades, y si no vuelves pronto a tierra nunca se está seguro de a dónde te llevarán.
Ainara Berdonces
Ainara Berdonces

ametsen mundu horren faltan gaude aspaldian. gure hirian teilatuak
ResponderEliminarpribilejiatu batzuren esku daude bakarrik, aspaldi kendu ziguten besteoi teilatuetara igo eta amesteko aukera.
bajuetako garaje askotan bizi gara gazteok, etxebizitza espontaneoetan,
amets gaiztoak ezin uxatu, barne-patio zikin eta umeletara begira etxeko leiho guztiak...
badaukagu zer ikasia egipto bezalako herrialdeetatik, pobreak agian, baina badakite amesten, ez dira donostian asmatu mila eta bat gauetako ipuinak...